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Los SmartWatch, creando problemas en la educación

Primero daban la hora, luego dieron la hora, siguieron dando la hora… pero de repente tienen cerebro y son inteligentes: es el caso de los smartwatch, que últimamente han sido lanzados al mercado de la mano de muchos fabricantes de teléfonos móviles. Se podría decir que sólo son otra de las múltiples líneas de máquinas inteligentes que conviven con nosotros hoy en día, pero no podemos morir tranquilos, porque aún nos faltaba algo por ver.

Sólo imaginaos entrando a un examen de cualquier asignatura y nivel educativo y oír que las típicas instrucciones de los profesores para evitar los engaños llevan incluida una orden de “prohibidos los SmartWatch”; apenas nos estábamos acostumbrando a la regla de “sin móviles en el aula y, aun menos, en los exámenes” cuando los relojes inteligentes irrumpen en la educación.

Pero este tipo de situaciones van asociadas a cualquier innovación tecnológica que pueda proveernos de información instantánea: cuando los móviles tuvieron la capacidad de escribir texto, se prohibieron con el fin de que los alumnos no pudieran consultarlos durante las pruebas, cuando tuvieron acceso a internet el miedo residió en que dicha información se consultara instantáneamente, y ahora que es posible llevar todas esas capacidades en la muñeca camufladas en la forma de un reloj, parece que el sistema educativo tiembla.

Realmente, suena irónico que mientras las empresas más innovan para que podamos acceder a la información lo más rápida y fácilmente posible, las instituciones educativas más intentan que las mentes en desarrollo no tengan acceso a ellas.

Lo irónico del asunto es que, cuanto más aparatos electrónicos prohíben los profesores en el aula, la ya clásica “chuleta de papel en la manga” sigue siendo la estrella de todas las pruebas académicas.

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